Mis enemigos me afrentan diciéndome cada día ¿Dónde está tu Dios?
Salmos 42:10
Vivíamos en un pequeño poblado de Sudamérica , donde las supersticiones y las historias de viejas eran el pan de cada día. Nuestro medio de subsistencia, era una tienda de artículos varios, en la calle comercial del pueblo. Ahí, en las horas de menos afluencia de público, salíamos a la puerta y dialogábamos con los otros comerciantes del barrio, sobre las cosas de interés de cada uno. Mi tema volvía siempre a hablar de mi fe en Dios y mis convicciones, pero, sin presionar al resto. Había aprendido que dar el testimonio y dejar al Espíritu Santo hacer el resto, era mejor que hacerlo yo.Y de pronto, apareció esa mujer, la que todo el mundo reconocía como “bruja” o mala, o poderosa en las fuerzas de las tinieblas. Dijeron a mi esposa, que al momento había salido al sol, junto con nuestra hija: “Lleve a la niña adentro; corre peligro si esa mujer la mira”. Pues no, dijo mi mujer, nosotros hemos protegido a nuestros hijos bajo la bandera poderosa de Jesucristo, nada podrá hacerle daño ni nada tocará nuestra morada.¡Qué hermosa niña! Dijo la mujer, acercándose y haciéndole una caricia en la cara. Muchas gracias, respondimos. Esa noche, la pequeña estaba ardiendo en fiebre, con vómitos y lloraba sin parar. Llévela donde otro brujo más poderoso, era el consejo de los vecinos, se le va a morir. Pues, no!, dijimos con convicción. Dios nos dio esta hija, y El tiene el derecho de tomarla cuando quiera. Aunque la lleve, no doblaremos nuestra mano para buscar en agoreros ni adivinos, la sanidad que sólo El puede dar. Fuimos tildados de fanáticos, de malos padres, de cobardes y otros epítetos más; pero, no transigimos. Sabíamos que Dios estaba ahí y, que si éramos firmes en nuestra fe, El se glorificaría a su tiempo. Y, así fue. Después de orar y entregarle a Dios nuestra hija, esperamos en su decisión y El, decidió sanarla. Gloria a Dios. Querido lector, si crees en Dios, no corras en busca de poderes ocultos para tus necesidades. Honra a Dios con tu FE, y, El TE HONRARA A TI.-
Osiel Ibáñez – Chile