Yo dormía, pero mi corazón,velaba.
Cantares 5:2.
La discusión con el pastor de la Iglesia, subió de tono y, de pronto, se escapó del control. Fernando, un joven de unos 17 años, fue mas allá del límite del respeto, y su pastor, hombre mayor, no pudo controlar su indignación y con duras palabras, le expulsó del edificio. Cinco años pasaron en que cada vez que a Fernando se le invitaba a volver a la comunión de Dios y de los hermanos, se escudaba tras el argumento“Yo fui expulsado por el pastor”. Se casó Fernando, y luego llegó su primera hija.Allí, a unos 150 metros de su nueva casa, había una Iglesia y había otro pastor, pero, siempre con la defensa de “a mi me expulsaron”, rechazó las invitaciones brindadas con amor. Hasta que, ese botoncito Rosado y hermoso de carnecita tierna que era su hijita, enfermó gravemente. El médico vino y aplicó algunos medicamentos, pero, la sanidad no llegó. Pronto la niña empezó con convulsiones, previas a la muerte y entonces Fernando se acordó del pastor en la mitad de la cuadra siguiente; salió corriendo y en un par de segundos estaba dando de golpes a la puerta, mientras con la otra mano, su dedo se pegaba al timbre. El pastor salió asustado y cuando reconoció a Fernando, pregunto ¿qué pasa con tanto golpe?¡Mi hija se muere, venga ahora y ore por ella!Corrieron ambos y el pastor, entró y tomó a la nena en brazos y con el corazón en los labios, clamó a Dios por esa vida. De pronto, la niña dio un profundo respiro y abrió los ojos con una semi sonrisa. Luego se durmió profundamente. Al otro día, despertó sana. Quizá tu, querido lector, te escudas tras los errores de otros, para no volver a la comunión con Dios y la de tu Iglesia.No esperes sufrir un momento de angustia como el de Fernando, para reconocer que aunque pregonas a todo el mundo que tu fe ha muerto, en realidad, tu corazón vela y está llorando por recuperar su comunión con su Salvador. Recuerda que, no habrán excusas ni argumentos ante su trono. Dile hoy:
Señor, mi fe no está muerta solo se había dormido. Restáurame quiero estar en comunión nuevamente contigo. Amén
Osiel Ibáñez - Chile