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Diese Welt war verlogen, diese Welt war nie rein.
Sie liegt am Boden um zu sterben und ich lass sie sterben denn ich weiß so soll es sein.
Sie war gegen das Leben, gegen den Geist,
gegen den Herrn der sie schuf, den Herrn der sie liebte und der sie nun niederreißt.
La Biblia casi no relata nada a cerca de la vida privada de Jesús, sus tareas diarias no son mencionadas. No sabemos que comidas le gustaban especialmente, o si tenía un color favorito, dónde y cómo encontraba un lugar donde pasar la noche...Pero hay en los evangelios muchas referencias de cómo era su relación con el Padre, su "permanencia en el Padre": El se tomaba tiempo para ello.
No sabemos casi nada de su niñez, solamente el episodio en el templo de Jesús cuando tenía doce años nos dejó Lucas en su relato. De la respuesta "... ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?[1] Se puede reconocer, que Jesús ya de niño sabía sobre su Padre celestial y se sentía como en casa en el templo. Lucas resumió su niñez y juventud en una sola frase: "Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres."[2] Un testimonio que a cualquiera le gustaría escuchar sobre su crecimiento.
Al comienzo del ministerio público de Jesús estuvo el bautismo. Juan, que bautizaba al pueblo para arrepentimiento, realizó su ministerio en Jesús no sin pensárselo, pues reconoció que una limpieza de pecados en este candidato no solo no era necesaria, no era ni siquiera posible. Donde no hay pecado, no puede haber perdón. Pero Jesús estaba allí, para "cumplir con toda justicia". Cuando Jesús subió del agua, vino una voz desde el cielo: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia."[3] El Padre confirmó públicamente al Hijo, el cual había crecido en sabiduría y en estatura y en gracia para con Dios y los hombres.
Luego siguió a continuación del bautismo y esta confirmación, la tentación por Satanás. Yo creo, que fue una verdadera tentación. Ninguna obra de teatro con roles preadjudicados, el desenlace estaba abierto. Jesús pudo haber cedido a las ofertas de Satanás. Era el Hijo de Dios, pero era también hombre. Un hombre hambriento y debilitado. Jesús estuvo cuarenta días y noches solo, sin comida, no debido a una hambruna, sino debido a su decisión de ayunar.
¿Qué se hace durante cuarenta días y noches de ayuno? Yo mismo no he ayunado por tanto tiempo. Una semana ya me pareció larga. Y yo estuve en esa semana junto con otros creyentes, que también ayunaban. Pero Jesús estaba totalmente solo en el desierto. Yo creo que tiene que haber pasado mucho tiempo, o la mayor parte del tiempo, en diálogo con su Padre. Por eso tuvo luego la fuerza, para soportar la tentación.
Después comenzó su aparición pública. Ministraba a la gente con predicación y sanidad, con poder y autoridad sobre todo poder de Satanás. La avalancha de los necesitados no se acababa. Lo seguían regularmente. Jesús los atendía sin descanso. Sin pausa.
¿Sin pausa? No, no realmente: "Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo."[4] Recién en la "cuarta vigilia de la noche", entre las 3 y las 6 de la mañana, se encontró de nuevo con sus discípulos - que en ese tiempo tenían dificultades en el mar.
"Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba."[5] Antes de que el sol se escondiera el día anterior, habían traído la gente todos los necesitados y endemoniados, toda la ciudad se había reunido a la puerta. Jesús sanó a muchos, echó fuera muchos demonios. Pero en lugar de descansar a la mañana siguiente, se buscó un lugar solitario.
"Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba."[6] Anteriormente se habían reunido grandes multitudes, para escucharlo y para que los sanara.
"En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios."[7] Después de esa noche, después de estas doce horas en diálogo con el Padre, eligió luego sus doce apóstoles.
Una y otra vez leemos, con frecuencia solo en oraciones subordinadas, que Jesús pasó noches enteras en oración. Algunas veces, llevaba también a sus discípulos a sus largos tiempos de oración: "Aconteció que mientras Jesús oraba aparte, estaban con él los discípulos; y les preguntó, diciendo: ¿Quién dice la gente que soy yo?"[8] Claramente estaban presentes en algunos diálogos con el Padre. No las multitudes, sino sus amigos cercanos.
Junto a eso hicieron los discípulos observaciones asombrosas: "Aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar. Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente."[9] Lo que pasaba por la cabeza de los discípulos, se puede suponer de la reacción de Pedro, que tuvo la idea, de construir un par de cabañas y ponerse cómodos en esa montaña. Pero no pudo ser." Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd. Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor."[10]
El Padre en Jesús, Jesús en el Padre. Una relación, alimentada por la reciprocidad y la comunión- ¿o se expresaba la relación, que la comunión, las horas en oración, el apartarse de toda tarea y ministerio, eran tan importantes para Jesús? De todos modos no se puede obviar en los cuatro evangelios, que las noches en oración para Jesús -y para su ministerio eran irrenunciables.
¿Era para Él necesario siendo el Hijo de Dios? Creo que la pregunta ha sido mal formulada. Estoy convencido que estas noches de oración no eran por ser esforzado, ni por cumplir una obligación santa. Más bien eran el resultado externo visible de una relación amorosa. ¿Quién de nosotros que ha estado en su vida enamorado no ha buscado y disfrutado juntos el tiempo compartido?
Pero tuvieron esos largos tiempos también consecuencias directas. Jesús hacía, lo que veía hacer al Padre, enseñaba lo que escuchaba del Padre. ¿Cómo podría haber visto y oído sino se hubiera tomado el tiempo para ello. Cuando Felipe le pidió que les mostrara al Padre a los discípulos, les contestó: "¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras."[11]
Hasta aquí todo bien, se puede pensar. ¿Pero que tiene que ver eso con nosotros? Mucho, creo yo. Pues Jesús continuó: "Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, ¡creedme por las mismas obras!"[12]
Jesús no reparaba en señales y milagros. Eran cosa diaria en su obrar. Ya sea que amenazara a la naturaleza o sanara enfermos, o ayudara a salir del apuro al anfitrión de una boda con vino o resucitara a un amigo muerto, lo sobrenatural era para Él algo muy natural. Alguien podrá decir: Bueno pero él era el Hijo de Dios, nosotros casi no nos podemos orientar en lo que Jesús hizo. Nuestras posibilidades humanas son limitadas...
Esto podría ser válido, si Jesús a continuación no hubiera dicho: "De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre."[13]
Con estas palabras elaboró Jesús la directa relación: El y el Padre eran uno, el Padre en él, él en el Padre, y esto se mostraba a través de las obras que hacía -que el Padre hacía a través de él. Y aquellos que creerían en él -una cuestión muy normal y casi no esforzada o fuera de serie- por lo menos hacer las mismas obras, en caso normal incluso aún mayores.
Y ahora nos preguntamos: ¿Lo hacemos? Si es así -bravo. Si no - ¿Porqué realmente no? ¿Por qué Jesús se equivocó? ¿Porque solo se refirió a la primera generación de discípulos? ¿Porque hoy no es necesario hacer lo que él hizo? ¿Porque desarrollos no previstos en el cielo han llevado a que haya cambios? Porque...
¿O podría ser que no estamos en él, y él no está en nosotros así como él lo refirió y lo vivió? Si salvados, nacidos de nuevo, creyentes, fieles, celosos de la fe en Jesús -pero con una deficiencia, de la cuál no estamos conscientes, ¿porque ya nos hemos acostumbrado?
Posiblemente nosotros como generaciones anteriores hemos incomprendido algo. Jesús hizo milagros. Los primeros cristianos hicieron milagros. Eso los acompañaba. ¿Pero era eso el centro de sus ministerios? ¿Era esto el sentido y contenido de sus vidas? ¿Eran las obras sobrenaturales la meta de su fe?
Jesús hacía, lo que veía hacer al Padre. El Padre hacía sus obras a través de Jesús. A Jesús no le interesaba -creo que cada lector de la Biblia lo han entendido- el número de espectadores. No le interesaba hacer publicidad a su club. No le interesaba ser popular. Tampoco le interesaba demostrar su convicción teológica. No tenía ninguna clase de ambiciones, de demostrar a través de obras o palabras que era realmente el Mesías. Aunque le dijo a Felipe: los discípulos por lo menos debido a sus obras tendrían que creer en él, aún cuando no pudieran entender, que el Padre estaba en él y él en el Padre, pero nunca ponía en primer lugar los milagros, nunca las señales en y por sí mismas. El se negó rotundamente a complacer el ansia de milagros de las masas. El rechazó de hacer cualquier cosa a petición y como demostración: "Entonces respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal. El respondió y les dijo: La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás."[14]
"Vinieron entonces los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole señal del cielo, para tentarle. Y gimiendo en su espíritu, dijo: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta generación. Y dejándolos, volvió a entrar en la barca, y se fue a la otra ribera."[15]
Jesús no estaba interesado en el milagro de los milagros. Había sido atacado, por lo menos de parte de las autoridades religiosas, bastante seguido a causa de los milagros. Pero Jesús incluso también el sábado y respondió por ejemplo ante la crítica: "Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo."[16]
También con ello confirmaba que Él y el Padre eran uno. Que el Padre estaba en Él y que Él estaba en el Padre. Cuando los escribas y los fariseos se enojaban por eso, les aclaraba: "De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis."[17]
¿Qué sucede con nosotros? ¿Nos muestra Dios todo, lo que él mismo hace, porque nos ama? ¿Nos muestra Jesús obras aún mayores, para que las mostremos, y así su grandeza se muestre más allá de cualquier imaginación humana?
Si hoy ocurren milagros, luego son presentados y discutidos. Por el mundo son normalmente ignorados. Las sanidades muchas veces tienen que sufrir, que una comunidad de iglesia o individuo quiera demostrar con ella que correctos son con su interpretación bíblica. Y qué incorrectos son los otros. Al final solo se trata de peleas y contiendas. Los fenómenos que acompañan a la fe se convierten en lo principal. Anhelaremos como los fariseos las señales como prueba, como justificación. ¿Seremos de esa manera una generación adúltera y maligna - y no le será dada ninguna señal excepto la señal del profeta Jonás?
Si nos ponemos a pensar si somos personas a las cuales Jesús les tendría que decir "no los conozco", entonces solo podemos asentir con la respuesta si estamos y permanecemos en él y él en nosotros. No en los milagros. No en hechos espectaculares. No en el número de visitas a nuestras reuniones. No en los aplausos de la gente, pero tampoco si somos atacados.
Jesús viene como juez, eso es seguro. El Padre le ha confiado esa tarea: "Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió,"[18]aclaró Jesús. Y continuó: "No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre."[19]¿Es esto también válido para nuestra posición?¿Tampoco buscamos imponer nuestra voluntad sino la voluntad de Dios? ¿Incluso aún, cuando se pone difícil y cuesta la misma vida?
En este diálogo con los críticos Jesús regreso de nuevo a la relación entre las señales y los milagros y el hecho que el Padre estaba y permanecía en él: "Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado. También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su aspecto, ni tenéis su palabra morando en vosotros; porque a quien él envió, vosotros no creéis."[20]
Al comienzo del Evangelio de Juan leemos las conocidas palabras: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros." Con esto Jesús quería dejarles claro a los fariseos que el Padre no permanecía en ellos, y ellos tampoco en el Padre. Porque no creyeron al Verbo, al Verbo de Dios echo carne. ¿Quien entonces por el contrario cree en Jesús, quien lo reconoce como el Mesías, lo sigue, se arrepintió y nació de nuevo, tiene tal persona automáticamente su Palabra permaneciendo en él?
Yo pienso que eso se verá, no puede permanecer en secreto, así como la luz tiene que verse en las tinieblas. Se mostró en Jesús y en los primeros creyentes entre otros a través de poder sobrenatural en sanidades, en señales, en milagros. No porque sí dijo Jesús que "estas señales seguirán a los que creerían en Él, no puede ser de otra manera. La luz será siempre visible en la oscuridad. A menos que se esconda el candelero en el armario.
Así que es lógico que las señales y los milagros acompañen y confirmen nuestra palabra. Y luego hagamos una mirada al espejo. ¿Dónde están estos acompañantes, dónde está la confirmación divina del hecho que Jesús vive en nosotros?
Si el Hijo de Dios pasó noches enteras en oración, ¿cómo pensar que una ida dominical a la iglesia y un leer un devocional diario alcanzan? Si Pedro se apartaba diariamente por horas para orar, ¿Qué nos permite querer ver señales visibles de nuestra fe siendo que tenemos una vida de oración que dura solo un para de minutos diarios?
Por favor nadie me entienda mal. No se trata de cumplir una obligación religiosa. No se es un "mejor cristiano" porque se ora un montón de horas. No estamos en Jesús, Jesús no está en nosotros, si es que nos esforzamos y afanamos en tener y cumplir un horario piadoso. Pero tenemos que plantearnos la cuestión. Hace poco cuando estaba traduciendo a Reinhard Bonnke me quedó una frase, que nos lleva al punto: "Dios te saca del pozo más profundo pero no te saca de tu sillón."
Mientras estemos conformes no nos vamos a levantar del sillón. Mientras nos conformemos con que la iglesia de Jesucristo hoy en día no tiene fuerza, no produce cambios y es inofensiva, no vamos a ver ninguna necesidad de cuestionarnos. Más bien vamos a dar aclaraciones porque esto o aquello que menciona la Biblia hoy no sucede. Estaremos conformes, mientras sigamos tranquilamente sentados en nuestro grupito piadoso y agradable y cantándonos canciones cristianas unos a otros y dándonos unos a otros prédicas de crecimiento. El mundo es perverso, es malo y lo es - gracias a Dios- allí afuera, fuera de nuestras paredes. La unción toca nuestras reuniones, tocados emocionalmente vamos a casa y entusiasmados por el bendecido culto que hemos tenido. Vamos a grandes eventos cristianos estamos ahí entre nosotros y celebramos a Jesús. ¿Damos fruto o no? Nuestro comportamiento está de acuerdo en su mayoría con los fundamentos morales cristianos - ¿no es eso muy valioso? Somos buenas personas, ¿no vale eso para Dios? Comemos y bebemos ante Dios, lo escuchamos cuando su palabra es predicada en nuestras calles, ¿nosotros no somos hacedores de maldad? "[21]Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois. Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad."
Este mundo está en el piso muriéndose - ¿queremos ser y quedarnos como solo meros observadores? Si nosotros los seguidores de Jesucristo no tenemos respuesta para la necesidad de este tiempo en medio de los tiempos- ¿entonces quién? ¿Harry Potter? ¿Dan Brown? ¿El Islam?
¿Quizás alguno que otro está desconforme con su propia situación, con la situación de la iglesia de Jesucristo? ¿Si es así como se puede pasar de inconformismo a cambios? No a través de esfuerzo, no a través de ser aplicados, no a través de apuntarnos a horas de oración o cosas parecidas. El ejemplo de Jesús y su Padre nos muestra otra cosa. ¿Pero como es en forma bien práctica y concreta el ser y permanecer en Jesús?
Somos individuos, Dios nos ha creado muy diferentes. El Espíritu Santo lo sabe y obra en y sobre cada Hijo de Dios muy individual. Lo que yo experimente, no puede ser una receta patentada para cualquier otra persona. Tampoco he llegado a la meta que deseo, de permanecer en Jesús y que Él permanezca en mí. Pero en el próximo capítulo de esta serie quiero mostrar como ha ido cambiando mi vida, nombrar mis primeros pasos, para que quizás algunos sean motivados a pensar y desarrollarse.
[1] Lucas 2:49
[2] Lucas 2:52
[3] Mateo 3:17
[4] Mateo 14:23
[5] Marcos 1:35
[6] Lucas 5:16
[7] Lucas 6:12
[8] Lucas 9:18
[9] Lucas 9:28-29
[10] Mateo 17:5-6
[11] Juan 14:10
[12] Juan 14:11
[13] Juan 14:12
[14] Mateo 12:38-39
[15] Marcos 8:11-13
[16] Juan 5:17
[17] Juan 5: 19-20
[18] Juan 5:22-23
[19] Juan 5:30
[20] Juan 5:36-38
[21] Lucas 13:25-27
Günter Matthia
Traducción 30.10.2006 www.iglesia-latina.de , usada con permiso